La chiva quedó enterradaLa chiva se había quedado enterrada en el barro mientras esperaban la llegada de una retroexcavadora que pudiera desatascarla
A mediados de noviembre realizamos nuestra mudanza a un pueblo pequeño muy cerca de los pueblos ko’revajʉ.
Estábamos animados pues durante toda la semana el sol había sido intenso y no había llovido. Sin embargo, justo la noche anterior a la mudanza cayó una lluvia persistente, suficiente para deteriorar la carretera sin pavimentar que conduce a nuestro nuevo hogar.
Además, ocurrió algo inesperado: el camión de mudanza que pensábamos contratar decidió no viajar ese fin de semana y, en su lugar, nos fue provista una “chiva”.
Una chiva es el nombre que en Colombia se le da a un bus típico de las regiones campesinas, utilizado para transportar no solo personas, sino también mercancías e incluso animales como gallinas y cerdos. Por eso, en la región donde vivimos, se le conoce como mixto.
Desde la comodidad de la ciudad, la chiva suele verse como un medio de transporte pintoresco, cuya réplica artesanal es comprada por turistas.
Sin embargo, en el lugar donde vivimos la chiva no tiene nada de pintoresco, y mucho menos como para considerar llevar una mudanza en ella.
El conductor y su ayudante lograron acomodar toda la mudanza, aunque las mesas tuvieron que ir patas arriba sobre el techo del bus.
En este tipo de transporte, la nevera siempre se lleva por fuera; aunque la habíamos plastificado y forrado con cartón, nos recomendaron cubrirla además con una cobija.
El plan era viajar en la chiva acompañando la mudanza, pero al escuchar a los conductores decir que, debido a las condiciones de la carretera el trayecto tomaría como mínimo ocho horas, decidimos dejarlos a ellos con la carga y buscar cupo en los botes que hacen el recorrido en solo dos horas.
Aunque es difícil conseguir cupo en el bote el mismo día, logramos dos lugares en el último viaje. ¡Gracias a Dios!
Mientras nosotros viajábamos cómodamente en el bote por el río…
… nuestra mudanza enfrentaba serias dificultades en el trayecto por tierra.
En este corto video puedes ver una de las muchas veces que “la chiva” quedó enterrada durante su viaje hacia el pueblo donde vamos a vivir.
Ya estando en el pueblo, tratábamos de averiguar qué había pasado con la chiva, pues no había llegado. En la madrugada supimos, por medio de un señor que venía en ella, que tuvo que caminar al menos dos horas para poder llegar, ya que la chiva se había quedado enterrada en el barro mientras esperaban la llegada de una retroexcavadora que pudiera desatascarla.
Finalmente, la chiva logró llegar al día siguiente a las 4 de la tarde; es decir, tardó 27 horas en recorrer 92 kilómetros.
El conductor nos contó que se enterraron siete veces y que en una ocasión estuvieron a punto de volcarse. A pesar de la fuerte lluvia, pocas de nuestras cosas se mojaron, y aquello que era importante mantener seco llegó en buen estado.
Pudimos agradecer al Señor por haber puesto en nosotros la idea de viajar en bote. También agradecimos que, a pesar de las circunstancias, nuestras pertenencias llegaran bien y que el Señor proveyera a cinco jóvenes que participaban en un viaje misionero, quienes nos ayudaron a descargar nuestras cosas mientras el agotado conductor podía descansar.
Para nosotros, todo este proceso —desde la provisión de la casa hasta el transporte— ha sido un testimonio de cómo el Señor nos ha guiado paso a paso.
Las 27 horas de viaje en la chiva nos recuerdan que ministramos en un lugar de difícil acceso. A esto se suma una cultura y un idioma distintos a los nuestros, lo que ayuda a entender por qué esta población tiene tan poco acceso al Evangelio.
Tenemos buenas expectativas para este año y queremos compartirlas contigo en este video.
Nuestras PETICIONES
de ORACIÓN
Damos gracias a Dios porque, al final del día, todo salió bien con la mudanza, aun cuando no ocurrió de la manera en que lo esperábamos.
Agradecemos también por el tiempo de descanso durante Navidad y Año Nuevo, y porque con la visita de nuestra hija pudimos estar nuevamente todos juntos como familia.
Pedimos oración por un buen regreso y una buena adaptación al lugar donde desarrollamos el ministerio.
Que el Señor nos conceda de su gracia para avanzar con más rapidez en el aprendizaje del idioma y en el entendimiento de la cultura, ahora que viviremos más cerca de los pueblos ko’revajʉ.
Finalmente, pedimos por la protección del Señor en medio de la inseguridad que se vive en esta región de Colombia donde ministramos.